Templo: Rabí Yehuda Halevy

La fachada principal de la sinagoga presenta una bellísima entrada de hierro forjado, creando un juego de luz y sombra por el que resaltan hojas de vid y espigas de trigo, entre tres representaciones del maguén David. Este diseño de la reja se remonta al repertorio ornamental de sinagogas antiguas donde las hojas de vid estaban grabadas en mármol, por ejemplo en Amat Tiberias (siglos III  y VIII así como en lámparas de aceite y en monedas del periodo romano.

Las uvas descritas en las monedas emitidas por razones de victorias, durante la época de los macabeos y Bar Kojba, simbolizan la fertilidad de la tierra, es decir la de aquellos viñedos de la zona de Judea y de la Galilea. Es interesante el uso del símbolo del viñedo y de la vid dentro de las parábolas bíblicas como aquélla de Isaías, gran profeta de la fe, fidelidad y justicia. Él vivió en una época (siglo Vlll a. C.) en que las amenazas asirias caían sobre los reinos sobre la vendimia, pretende enseñarle al pueblo el significado de la posibilidad de salvación: el momento del juicio, cuando D´os apremia el bien y castiga el mal.

Otro elemento simbólico que resalta en esta sinagoga es el trigo. Ya la reja ele entrada lo muestra dorado en contraste con las hojas ele hierro negro, y al pasar el vestíbulo que conduce al templo, tres entradas de madera ostentan esta planta en la parte superior:

El trigo es un grano que crece en la tierra de Israel. Se menciona en el Antiguo Testamento como una de las siete especias (shivá minim) que bendijeron la Tierra cuando el pueblo entró luego del éxodo; y de acuerdo con la Hagadá, es el árbol del conocimiento. Evocación bíblica en una tierra que también ha sido bendita para los inmigrantes: México.

SURGE LA PRIMERA SINAGOGA SEFARADÍ

Los creadores de esta sinagoga, vinculados histórica y espiritualmente con Sefarad, la España judía, eligieron honrar con su nombre a un gran personaje: Rabí Yehuda Halevi, médico, filósofo y poeta, quien tuvo la suerte de vivir la Edad de Oro de la España medieval. Entre sus más de trescientos poemas, varios se integraron a la liturgia de la sinagoga.

A pesar de lo dicho anteriormente, la gente de la comunidad se refiere a esta sinagoga como “la de Monterrey”, por el nombre de la calle donde se encuentra, en la colonia Roma. Es la primera sinagoga de la comunidad sefaradí, integrada por judíos provenientes de Grecia, Turquía y los Balcanes, lugares a los que llegaron después de la expulsión de España en 1492, con un tesoro formado por palabras en un español antiguo mezclado con expresiones hebreas y de los países donde se hospedaron. Idioma dulce, el judeo-español lo trajeron a México, aventajando a sus hermanos de Europa oriental y de países árabes en su adaptación a este país extraño.

Los antecedentes de este templo se encuentran en el centro, primer barrio de asentamiento judío en la ciudad. La primera sinagoga, Monte Sinaí en la calle Justo Sierra, fue creada por un judío sefaradí de Salónica, Grecia, llamado Isaac Capón, promotor de toda actividad benéfica para los inmigrantes, incluyendo la fundación del primer panteón judío en México. La sinagoga se creó para los judíos que había en la ciudad provenientes de varios países, pero pronto surgieron las diferencias y separaciones, creándose La Fraternidad en 1924 para agrupar a los sefaradim que no tenían lugares fijos para los rezos cotidianos; asistían durante las fiestas mayores de Rosh Hashaná y Yom Kipur al Templo Metodista Episcopal ubicado en la calle Gante núm. 5. Hermoso patio que originalmente fue el claustro del convento de San Francisco, al convertirse en templo metodista dejó de tener imágenes religiosas y el rezo judío se llevaba a cabo sin problemas con la presencia del rabino Abraham Levi, hombre cálido y comprometido, conocedor del arameo, turco y hebreo, que la gente recuerda con mucho cariño.

Los años cuarenta fueron fundamentales en el desarrollo y la cimentación de estructuras comunitarias. Años  en que los inmigrantes dejaron el comercio ambulante y se convirtieron en comerciantes establecidos, pasaron del taller artesanal a la pequeña industria; todo esto fue favorecido por un gobierno que dio gran impulso a la industria y el comercio, apoyando en gran medida al sector privado. La comunidad creció institucionalmente: surgieron colegios y sinagogas.  Las personas ya no se encontraban preocupadas por ahorrar para traer al resto de su familia al país.

El año de 1942 fue muy significativo para la comunidad sefaradí en México: se inauguró su primera sinagoga, cambiando el paisaje de la calle Monterrey con la hermosa fachada de estilo ecléctico con elementos medievales góticos y una serie de columnas románicas escalonadas que sostienen un arco apuntado central sobre el cual se lee en letras hebreas: “Mi casa será llamada Casa de Oración para todas las naciones”. Esta sinagoga estuvo inspirada en el templo de Vidin, Bulgaria, donde Víctor Babani, uno de los creadores de esta comunidad, pasó su infancia y tenía grabado en su mente cada detalle. El proyecto se puso a concurso y ganó el ingeniero civil Francisco Cánovas, dirigido por Babani durante todo el proceso.

Por un error de cálculo este terreno no reunía las condiciones necesarias para construir un templo, pues de acuerdo con nuestras leyes religiosas el arón hakodesh debe estar situado al oriente, y este terreno no tenía la orientación correcta. Sin embargo, como ya estaba pagado con las aportaciones de casi todos los miembros de la comunidad se pasó por alto este detalle.

Tiene también elementos que nos remiten a la España judía de la Edad Media, con la influencia islámica en la arquitectura. Esto se nota en los arcos de herradura que corren a lo largo del muro principal en sus dos costados, así como en la cenefa de mármol sobrepuesta al muro del mismo material en la parte superior.

A largo de los muros laterales de la sinagoga. Asimismo, tres entradas -como las que conducían al Templo de Jerusalem – tienen terminación en arco. Un gran arco ojival enmarca la entrada al arón hakodesh y dos más pequeños están a ambos lados. Para rematar, todos los respaldos de las sillas tienen la misma forma, como la que tenía la entrada a la judería de Sevilla, y se puede ver en varias de las sinagogas andaluzas.

El arón hakodesh se integra a una estructura arquitectónica con influencia Una silla especial en un lugar medieval realizada en mármol de Carrara sobre un fondo de mármol rojizo.

En esta sinagoga no se hizo una galería para las mujeres, pues se dispuso  que se sentaran en la parte trasera del recinto, sin una división material.

Por más de cuarenta años ésta fue la única sinagoga de la comunidad sefaradí, hasta que se creó un lugar de rezos en Tecamachalco: la sinagoga Shaar Hashamaim que conforma un gran complejo comunitario.

La comunidad ha sido muy activa políticamente -sobresale el movimiento sionista- y por veinticinco años todas las asambleas, votaciones y recepciones con personajes distinguidos de Israel y otros países se llevaron a cabo en la sinagoga. En el año 1948 la euforia por el establecimiento del Estado de Israel fue celebrada en este recinto, y años después la visita de Menajem Beguin causó rechiflas por parte de sus opositores. Asimismo, el arzobispo Garibay dio una plática en el templo a mediados de los años setenta. Un cuarto de la sinagoga sirvió en varias ocasiones a una logia masónica para sus reuniones, a la que pertenecían sefaradim con alto rango.

     En el año 1977 se inauguró un edificio anexo al que se entra por la calle Tehuantepec. En sus tres pisos se concentraron -hasta hace pocos años todas las dependencias de la comunidad sefaradí, un salón de fiestas, salas de juntas y clases, así como la beneficencia Bikur Holim, ya que el edificio fue vendido y la actividad comunitaria reubicada en el nuevo centro de Tecamachalco, a excepción del grupo Convivencia de la tercera edad.

La mayor parte de miembros de este grupo, muchos aún inmigrantes y hablantes de judeo-español, viven en las colonias  Roma y Del Valle, y asisten dos veces por semana al recién inaugurado salón en la parte baja del templo.

Rabí Yehuda Halevi nunca ha dejado de funcionar; y a pesar de que la mayoría de la comunidad se ha establecido en    otras colonias al norponiente de la ciudad, ofrece servicios religiosos diariamente, en la mañana y en la tarde. Los viernes en la noche, algunas personas que aquí crecieron y le tienen cariño a este lugar se han encargado de revitalizarlo en el Kabalat Shabat, al que llegan a asistir más de cien personas, quienes después del rezo disfrutan de una cena tradicional.

Los asistentes son de diferentes comunidades, a veces llegan del extranjero personas que no tienen familia en México y se unen al evento que resulta una experiencia agradecida y recordada. 

No podemos dejar de mencionar a unos personajes que vivieron  en este edificio, en los bajos de la sinagoga: Don Irineo y la señora Amalia, quien ayudó a que se mantuviera una tradición elaborando exquisiteces sefaradim que se quedan grabadas en el paladar y la memoria.

Bibliografía: Sinagogas de México/Autor: Ing. David Eskenazi Menache/2002/Investigación y Textos: Mónica Unikel Fasja

Fotografía: Moy Volkovich, Octavio Esquivel y archivo de la Comunidad Sefaradí, A.C.

Shaar Hashamaim

La comunidad sefaradí, cuyos miembros tienen sus orígenes en España y los países a los que llegaron después de la expulsión en 1492 (Grecia, Turquía y países balcánicos), se ha caracterizado por un fuerte arraigo a las tradiciones ancestrales, así como al sionismo, movimiento en el que ha sobresalido en el mundo. En cuanto a la creación de sinagogas, cuenta solamente con dos nuestro país: Rabí Yehuda Halevi, fundada en 1942, fue la primera, a pesar de que los inmigrantes empezaron a llegar a México desde principios del siglo XX.  Y la segunda se inauguró casi sesenta años después, en el año 2000, con el nombre Shaar Hashamaim (la puerta del Cielo).

El proyecto se inició cuando la población sefaradí mostraba una clara tendencia habitacional hacia el rumbo de Tecamachalco y Bosques de las Lomas.

Se compró un terreno para construir el Colegio Sefaradí y en 1987 se proyectó a un lado un centro comunitario y un templo, que se iba volviendo prioritario debido a la gran cantidad de miembros que ya vivían en la zona.

En 1991 se presentó un proyecto del arquitecto Simón Bali, el comité constructor consiguió la licencia con cierta dificultad debido a que parte del terreno se considera dentro del Distrito Federal y parte en el Estado de México, y se inició la construcción sólo con el dinero para “arrancar”, con la idea de conseguir el resto durante el proceso. Cuando se inauguró el colegio (1986), ese mismo año, se adaptó en la parte baja un espacio para rezos con capacidad para trescientas personas a donde se trasladó el rabino Abraham Palti, quien oficiaba hasta ese momento en la sinagoga de la colonia Roma.

Se detuvo la obra en 1995 por falta de recursos, y se vio que el proyecto original requería ciertas modificaciones. Para esta segunda etapa de construcción se invitó a los arquitectos Enrique Olsoff y Ángel Mitrani, quienes trabajaron bajo la dirección de los arquitectos Pérez Shemaría y Manuel Roditti para revisar los detalles constructivos y realizar la decoración. Una encuesta entre varios miembros de la comunidad hizo que se decidiera un estilo clásico tradicional, contra algunos que preferían un proyecto moderno.

Hubo importantes transformaciones al proyecto original,” se quitaron muros, se abrieron ventanas, se re proyectaron las fachadas y se integraron los doce vitrales que fueron resultado de un trabajo conjunto entre Gladys Brawer y Manuel Roditti, realizados en un taller de Guadalajara, Jalisco. Lo que inspiró el diseño principal de hojas entrelazadas fue un tapete antiguo del Medio Oriente judío. Al centro, en un pequeño círculo aparece un aspecto y color característicos de cada una de las Doce Tribus, basándose en el pectoral que portaba el gran sacerdote en el Templo de Jesusalem (Éxodo 39:8) y tratando de reflejar su esencia y energía particular. Se buscó la neutralidad. En un principio los vitrales eran transparentes, pero fueron esmerilados para no afectar la concentración de los feligreses.

 

El elemento decorativo predominante en este templo son las plantas, naturaleza vegetal expresiva de los dones divinos, de gran importancia en las sinagogas de España. Hojas de diversas plantas se repiten en muros, techos, sillas de madera y las puertas del hejal. Los creadores de esta sinagoga quisieron traer un poco de su antecesora en la calle Monterrey. Las hojas, los arcos superiores del hejal y sus columnas son elementos que nos recuerdan ese sitio; su estructura, a manera de jaula, tiene su fuente de inspiración en una sinagoga de Budapest, Hungría, donde el hejal está dentro de una cúpula cerrada. El arquitecto Roditti prefería la transparencia para que entrara luz.

Esta parte de la sinagoga rompe con la monocromía general del espacio al tener varios elementos de color, como son los vitrales venecianos verticales realizados por Rosario Cobo, que tienen la peculiaridad de verse amarillos de día, cuando les da la luz natural, y en la noche se perciben blancos. En la parte superior sobresalen tres estrellas de David rojas, único toque de color intenso, para resaltar la energía divina que emana del hejal, cuyo piso es de mármoles diversos con un diseño que se inspira en las sinagogas antiguas que tenían pisos de mosaicos formando figuras.

La construcción del interior de este espacio de culto tiene un sustento filosófico inspirado en la Kabalá: La planta expresa un etz jaim o árbol de la vida en el que parte del hejal corresponde a kéter o corona, que es fuente de energía vital y trascendente. El material utilizado en muros y techo es un pétrox, mezcla de canteras molidas y resinas creado en Torreón, Coahuila. Es un material moldeable en el que los diseños de hojas y letras hebreas fueron colados, a diferencia de las edificaciones antiguas en que se labraba directamente sobre la piedra.

La sinagoga Shaar Hashamaim está dentro de un edificio de grandes proporciones que reúne todas las instalaciones de la comunidad sefaradí y se comunica con el colegio por medio de un puente interno. Es un centro importante de actividad al que asisten personas de todas las comunidades, que gustan de tener en un mismo espacio el templo y el salón de fiestas.

Una buena ubicación, un acercamiento general hacia movimientos religiosos y un edificio que la gente encuentra atractivo y acogedor hacen de Shaar Hashamaim un espacio cada vez más vivo en su cotidianeidad ..

Bibliografía:

Sinagogas de México/Autor: Ing. David Eskenazi Menache/2002/Investigación y Textos: Mónica Unikel Fasja

Fotografía: Moy Volkovich, Octavio Esquivel y archivo de la Comunidad Sefaradí, A.C.