Instalada sobre la antigua ciudadela celtíbera y romana, que forma un círculo irregular en uno de los dos cerros sobre los que se asentó Calagurris, la Calahorra histórica, la judería calagurritana se define por sus inquietantes calles curvas, muchas de ellas sin salida, por sus casas bajas con patio posterior y por sus salidas repentinas a amplios miradores sobre los valles del Ebro y del Cidacos, rompiendo por sorpresa la clausura de un recinto casi críptico. En este barrio humilde, verdadera ciudad dentro de la ciudad, vivieron los judíos de Calahorra, durante al menos cinco siglos, aunque parece probado que tuvieron asentamiento aquí desde mucho antes.